miércoles, septiembre 24, 2008

Beatriz y el monstruo

¡Un monstruo, un monstruo! - Los niños, aterrados, volvían corriendo al pueblo.
¡Un monstruo, un monstruo! - gritaban jadeantes al llegar a la plaza, donde ya casi todos los habitantes del pueblo se habian congregado al oir los gritos de la chiquillería.
¡Un monstruo, un monstruo! ¡Grande! ¡Enorme! ¡Junto al río! ¡Apareció de repente! ¡Tengo miedo! Todos los niños hablaban y gritaban a la vez, mientras corrían a abrazarse a sus padres...

Hasta que, de repente, un grito de mujer se alzó sobre todos ellos... ¿Pero dónde está Beatriz?

Beatriz, la más peque de todos ellos, no aparecía por ningún lado. Al salir corriendo, huyendo del monstruo, la habían dejado atrás, olvidada en la ribera del río. Ninguno de los niños se había fijado en ella y nadie había reparado en su falta hasta aquel grito de su madre. ¿Dónde está Beatriz?

Podeis imaginar el revuelo en el pueblo. La madre, desmayada. El resto de las madres, felices por no haber perdido a sus hijos pero preocupadas por el destino de Beatriz. Los más mayores del pueblo, agoreros como casi siempre, sentenciaban: seguro que a estas alturas el monstruo ya se la ha almorzado". Y el padre de Beatriz corría de un lado a otro juntando a los y las más valientes del pueblo para salir a dar caza al monstruo y vengar así a su pobre hija.

En un periquete, más de la mitad del pueblo, armados con palos, cuchillos y piedras salieron hacia la ribera del río, en busca del monstruo. A la salida del pueblo iban armando un bullicio enorme pero, según se acercaba el río, el miedo secaba las gargantas y poquito a poco, cuando ya estaban muy cerca, se hizo el silencio en la comitiva. Entonces, justo entonces, oyeron una carcajada sonora, feliz, de niña pequeña y, al girar el último recodo, todos se quedaron ojipláticos al ver cómo Beatriz, la niña que debía haber sido devorada por el monstruo, reía a carcajadas, sentada en las rodillas de un monstruo enorme, mientras éste le hacía cosquillas en los pies.

Y es que, como Beatriz explicó después a su madre, cuando la pobre señora se hubo recuperado del soponcio, el monstruo era su amigo. ¿Cómo se la iba a comer?

Yo no sé mucho de casi nada, así que seguramente no lleve razón, pero se me ocurre que quizás, lo que hizo que Beatriz no saliera corriendo y se quedara a jugar con el monstruo, es que era demasiado pequeña y todavía conservaba esa sana inocencia que hizo que no juzgara al monstruo por su apariencia y, en lugar de salir huyendo, le preguntara si quería jugar con ella.

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Basado en un dibu de Beatriz.

¡Te lo debía desde hace meses, Bea! Perdón por el retraso. Habrá que ir pensando en el próximo dibu-cuento...

4 comentarios:

Carlos Capote dijo...

Lo mejor es no juzgar nunca por las apariencias ¡y salir siempre corriendo! Que los malos de verdad siempre van camuflados...

Jejeje. Es broma. ¡Me encantó!

Beatriz dijo...

Haleeeee, que hasta ahora no he podido chequear los blogs!!! Me encanta!!! Muchas gracias!!! Iré pensando en el próximo dibu. Tengo uno que quizás te haga imaginar.
Muchas gracias!!!!!

Anónimo dijo...

muy chulo el cuento,jejejeje

el monstruo dijo...

Muy chulo,que antes no puse firma,perdón