jueves, octubre 18, 2012

Aprendiendo...

Me paro a pensar y me doy cuenta de que, por mucho que yo les haya enseñado a los alumnos que han pasado por clases y laboratorios, es mucho más lo que ellos me han enseñado a mi...

jueves, octubre 04, 2012

Noches Blancas

Algo más de dos años han pasado ya desde aquel verano que pasamos juntos en el hospital... Noches enteras despiertos, porque tú no podías dormirte y yo no quería dejarte sólo con tus pensamientos. Sé que tengo que escribirte una Carta sobre ello, porque quizás haciéndolo aleje de mi las pesadillas que me sobresaltan tantas noches... 
Pero no puedo escribir sobre aquel verano, aún no, todavía no... Pero hoy, buceando en esa carpeta donde guardo mis pequeñas historias garabateadas, encontré algo escrito en una de aquellas noches en las que, durante un ratito, te quedaste dormido...

Por la noche entornan, casi cierran, las puertas de entrada y el pasillo se sumerge en un inquietante silencio de pitidos sordos, respiraciones profundas, timbres de llamada y pasos perdidos de acompañantes insomnes. 

Mantienen la guardia, vistiendo su armadura blanca o verde de combate, con su sonrisa tranquilizadora y su mirada atenta… Saben que la lucha es difícil y desigual y por eso, sólo por eso, sonríen por la mañana cuando el sol asoma por las ventanas y el amanecer encuentra que la dama negra quedó una noche más en la sala de espera, al acecho de su próxima presa... 

Dedicado a las enfermeras de la planta de Oncología de las que no recuerdo ya su nombre, pero de las que no puedo olvidar el cariño con el que nos trataron a todos...

jueves, diciembre 08, 2011

Sueños...

Entro a mi despacho, se sentó delante de mi, al otro lado de la mesa y me contó su sueño... Y fue sorprendente descubrir que su sueño y el mío eran el mismo...

Poquito a poco las cosas han ido fluyendo y nuestro sueño se va consolidando. Además, no estamos solos sino que ya somos cinco los soñadores y, cada vez que cuento nuestro sueño a alguien, aparecen más sonrisas, apoyos e ideas.

Y es que, como tantas y tantas veces me ha pasado en mi vida, soy un tipo con suerte. Seguramente, nunca tuve claro que sería posible hacer realidad el sueño... pero lo que puedo asegurar es que jamás pensé en tener los compañeros de camino que tengo.

Pero son ellas y él, con sus ideas locas, experimentos surrealistas preparados a última hora, broncas legales por email e infinita capacidad de superación los que hacen que todo ruede... Gracias al tiempo que dedican, a la creatividad que derrochan, a su trato cercano con los peques, a su ilusión infinita, la rueda gira y gira... Y cada vez que veo sus sonrisas delante de un café o una cerve en nuestras reuniones de coordinación sé que va a funcionar, que se va a hacer realidad... que, de hecho, es ya una pequeña realidad en forma de CREA2011.

Y yo, lo único que tengo que hacer es sentarme con ellos, escuchar, aprender y seguir creciendo y ¡disfrutando de mi sueño!

Si pasaís por aquí... ¡muchísimas gracias, pequecientíficos, por convertir semana tras semana un sueño en realidad!


sábado, noviembre 19, 2011

Watanabe...

Vale, puede que yo no necesitara un viaje interior, o quizás simplemente, recorrí ese viaje sin necesidad de subirme a trenes sin destino... Quizás no necesité que un desconocido me ofreciera algo que beber, aunque compartí más de una copa con gentes que, en lo borroso de aquellos tiempos se me tornaron conocidos desconocidos. Y, desde luego, mi camino no fue tan trágico, ni en el sentido griego, ni en el más actual de la palabra...

Pero un día, al igual que Watanabe, descubrí que la persona que me hacía feliz no formaba parte de sueños ni de historias escritas por otros en muros del pasado, sino que era esa persona cercana, de carne y hueso, amiga y confidente, con la que compartía las más hermosas y divertidas aventuras...

Hace unos días terminé de leer Tokio Blues, de Murakami y, aunque parezca extraño, aún no tengo claro si es un libro para recomendar o no... Aunque creo que a mi me ha gustado...

viernes, noviembre 04, 2011

Trenes

Escribo aparcado en la cafetería de la estación de Delicias esperando al AVE que me devolverá a casa después de un intenso (y productivo) día de trabajo en la Universidad de Zaragoza.

Me gusta el sabor de las estaciones de tren. Son mucho menos ruidosas y caóticas que las de autobuses, y sin humo de tubos de escape. Y también mucho menos impersonales que los gigantes y caóticos aeropuertos en los que últimamente he tenido que pasar horas en viajes de trabajo.

En las estaciones de tren quedan huequitos para sentarse a escribir una Carta mientras delante de mi un chico trajeado esté, probablemente, revisando unos balances en el suyo. Dos señores mayores, ella y él, charlan en otra mesa mientras esperan a alguien. Hace un rato, sentado en la sala de espera con el portátil en el regazo, he coincidido con una chica joven, mucho más joven que yo, que leía un libro en francés y con un treintañero con un perro, esperando quizás a su novia, quizás a su mujer.... Pero todo envuelto en un ambiente de cordial tranquilidad.

Las estaciones de tren me inundan de nostalgia y recuerdos... Cuando estudiaba en la Universidad, cambiaba el bus por el tren siempre que podía (aunque eso supusiera tardar más en llegar a clase o en volver a casa), cuando viví en Bélgica era raro el fin de semana en el que el tren no me llevara a algún nuevo sitio que visitar y en mi época berlinesa el tren y el S-Bahn fueron compañeros de aventuras y desventuras.

Por eso, creo que voy a cerrar el portátil y a deambular por la estación en el tiempo que me queda hasta coger el tren, a empaparme de sabores de estación porque quién sabe, quizás, entre andén y andén, brote el espíritu de un nuevo cuento que dejar en Cartas.

jueves, octubre 27, 2011

Jubilaciones...

Hay gente que no debería jubilarse nunca... y mucho menos en estos tiempos que corren de Universidad a la Boloñesa, donde hacen falta más que nunca docentes que crean en lo que hacen y, sobre todo, que crean en los alumnos y sus posibilidades para llegar al infinito y más allá.

No deja de resultarme motivador que, tras 51 años dando clase en la UCM, diera su última clase como si fuera la primera, con el mismo entusiasmo, la misma motivación, las mismas ganas. Y a todo esto hay que sumarle el hecho de hacer investigación en este país en una época (hablamos de hace 50 años) en los que ser científico aquí no era fácil y muchísimo menos siendo mujer.

El lunes dejó vacío su despacho en la Universidad y hoy hemos tenido una comida para despedirla. Yo tenía clase y he dejado la comida un poquito antes de que acabara. Y no deja de resultarme motivador (aunque da mucho vértigo) que sea yo la persona encargada de impartir clase ahora en la asignatura que ella dio durante los últimos años, muchos años, y por la que con tantísimo cariño es recordada por generaciones de Físicos Complutenses.

Y durante una hora entera de clase, mientras hablaba sobre condiciones en la frontera de los campos E y D, no podía dejar de preguntarme si podré estar alguna vez a la altura.

Y es que hay gente como Eloísa que no debería jubilarse nunca... aunque se que aprovechará la jubilación para hacer tantas y tantas cosas que siempre quiso hacer y para las que nunca tuvo tiempo...


martes, octubre 25, 2011

Cambios...

Muchas cosas han cambiado en estos dos años sin Cartas... Los cambios más grandes, concentrados en tres meses, de septiembre a noviembre de 2010.

Lo más fácil ha sido acostumbrarse a la nueva vida en pareja, donde ya sumamos casi un año de felicidad compartida. Tampoco ha sido difícil acostumbrarse a la nueva situación laboral.

Lo peor, acostumbrarse a su ausencia. Hace un año, tras una fulgurante enfermedad, nos dejaba... justo cuando su jubilación le iba a dejar más tiempo para disfrutar de la vida, de las cosas, de nosotros... Y no, no logró acostumbrarme a que ya no está... y más de una Carta de esta nueva etapa hablará de él y su ausencia.