martes, junio 10, 2008

Atardece...

Y allí arriba, con los pies descalzos y la ciudad a sus pies, la princesa cerró los ojos... Se juntaron en su memoria miles de recuerdos, compitiendo unos y otros por salir, por aflorar, por ser ese último recuerdo...

Respiro hondo, ya no sentía nada, no quería sentir nada. La brisa fresca del atardecer hacía ondular sus negros cabellos y arrastraba despacio las últimas nubes grises de su mente.

No recordaba quién le había enseñado aquel lugar, no quería saberlo... Sintió como alguien secaba con las mangas de una camisa las últimas lágrimas que recorrían sus mejillas. Cerró los ojos para sentir, para oler, para escuchar como los últimos ruidos del bullicio de la ciudad se iban apagando e iban dando paso al ritmo extraño y musical de la noche.

Abrió los ojos... A lo lejos, el sol se ponía entre los tejados de la gran ciudad... Y le sorprendió sentir cómo sus labios se abrian en una enorme sonrisa...

Porque de repente, al abrir los ojos sintió que tras aquella puesta de sol comenzaba una nueva vida, llena de magia y sentimientos, de sueños y realidades... esa vida de princesa que siempre soñó con tener y que el sol ahora teñía de rojo y fuego...

Y en ese momento supo que se quedaría allí sentada, esperando a que de nuevo la luz del sol iluminara las calles de la ciudad para, con paso firme y decidido, coger ese tren a ninguna parte que desde hace ya demasiado tiempo esperaba en la estación...

2 comentarios:

Beatriz dijo...

Q ué bonito!!! Un tren hacia no se sabe donde... siempre es bueno tener una ilusión. Sonreir sin más.
Qué bonitooooo, uuooohhhhh!
P.D:y el cuento del monstruo y la niña? pa cuándo???

Erdholiel dijo...

echaba de menos tus cuentos...
Me encantó.