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lunes, febrero 02, 2009

Era tarde...

Algo había en sus ojos que le recordó tiempos pasados, helados de chocolate en la parte de atrás del jardín, faldas inocentes que se levantan para descubrir juegos de niños, besos furtivos tras la vieja olma de la plaza... Pero hoy todo era distinto. Sus ojos seguían siendo grises, pero no brillaban. Habían pasado muchos años, diez quizás, pero el tiempo no había pasado en balde.

Ella también se fijó en él, pero le costó reconocerlo. La última vez que le vio pasear con su pequeña de la mano apenas habían cruzado dos palabras. Ahora estaba mucho más delgado, mucho más pálido y taciturno. Definitivamente, los años no pasan en balde.

Él decidió acercarse, seguramente porque tampoco tenía nada mejor que hacer. Ella decidió acercarse, seguramente porque siempre es mejor beber acompañada que sola. Y de repente se encontraron de pie en medio del bar, mirándose como dos estúpidos sin saber qué decir, porque la última vez que tuvieron algo que decirse tenían veinte años. De repente sus copas se encontraron juntas en una mesa alta, en penumbra, whisky con hielo y vodka con limón hablando a gritos de soledades, de frío, de tormentas y de nubes grises de invierno.

Sus miradas sellaron un pacto de silencio y ninguno preguntó qué tal te va. Sus miradas decidieron no hablar de los últimos diez años, sino de los primeros veinte y poco a poco la penumbra se llenó de olores a hierba mojada, de espuma de agua de río, de columpios de madera y de risas inocentes. Sin darse cuenta sus soledades se acercaron y sus silencios se entrelazaron, hasta convertirse en una única soledad y un único silencio. Sin darse cuenta se levantaron y ella pagó las copas mientras él recogía su chaqueta. El otoño cubría la ciudad y había empezado a refrescar. Sin darse cuenta puso su chaqueta sobre los hombros de ella. Sin darse cuenta, ella se acercó a él, buscando protección.

Era sábado, era tarde, era un día como otro cualquiera… y los que en aquel momento pasamos por delante del bar vimos a una pareja de enamorados perderse en el frío de la noche…

martes, diciembre 02, 2008

Pies fríos...

Un tenue rayo de sol entrando por la ventana la despertó. Abrió los ojos, sorprendida y extrañada ante las sombras que poco a poco aparecían en las paredes del dormitorio. Casi dos años viviendo en este pequeño apartamento y aún seguían sorprendiéndola la claridad de los amaneceres. Se desperezó despacio, saboreando las primeras horas de la mañana de domingo. Se sentía perezosa, desnuda bajo las sábanas.

El reloj del ayuntamiento daba la hora. Contó las campanadas. Diez. Era pronto. Su mirada recorrió la habitación. Sonrió al ver su ropa, perfectamente doblada sobre la silla. La primera vez le sorprendió encontrarla así. Ni siquiera ella tenía tanto cuidado al colocar su ropa, hasta la ropa interior, cuidadosamente plegada.

El olor a café recién hecho llegaba desde la cocina. Sonrió de nuevo. Sabía que al levantarse encontraría la cafetera llena de humeante café y una fuente con churros, todo listo para desayunar. Las diez y cuarto. Lentamente apartó las sábanas, que seguían oliendo a ella y a él.

Desnuda, salió despacio de la habitación, deseando encontrarle pero sabiendo que ya no estaría allí. La primera vez buscó algo que le indicara que volvería a desayunar con ella, pero no quedaba rastro de él. Ahora ya sonreía con cierta amargura, sabiendo que volvería a desayunar sola y sintiéndose culpable porque, una vez más, no le había pedido que se quedara.

Recordaba la primera vez, en aquel bar oscuro, cuando alguien les presentó, entre risas y copas de ron. No era particularmente atractivo, ni particularmente interesante, ni particularmente divertido, pero se fijó en él. Había algo en él, en su mirada, que inspiraba confianza. Y quizás fuera por la confianza o quizás por el ron, acabaron sentados junto a la barra, hablando de fracasos e intimidades. Ella recuerda que le contó el fracaso de su anterior relación y su mudanza al pequeño apartamento en el que ahora vive. Él le preguntó si no se sentía sola y ella se sorprendió a si misma confesando que no, que se había acostumbrado a vivir sola aunque a veces, en las noches de invierno, se le quedaban los pies fríos y añoraba a alguien durmiendo a su lado y mimándola al despertar.

Aquella noche no durmió sola. Salieron del bar de la mano, subieron a su pequeño apartamento y muy dulcemente, hicieron el amor y durmieron abrazados, desnudos bajo las sábanas. Cuando ella se despertó, su ropa estaba doblada, el café recién hecho y el desayuno preparado, pero no había rastro de él. Ni una nota, ni un número de teléfono… Nada… Ni siquiera recordaba su nombre.

El sábado siguiente, en el mismo bar, a la misma hora, una voz conocida le preguntó si tenía los pies fríos… Y así, cinco sábados seguidos. Ella nunca le pidió que se quedara, aunque lo deseaba con todo su alma. Él, nunca dejo rastro tras irse.

El reloj del ayuntamiento volvió a sonar. Las diez y media. Se sentó a desayunar. Le sorprendió encontrar sobre la mesa un periódico que ella no solía comprar. Estaba abierto por la sección de anuncios por palabras. Y allí, en mitad de la página, subrayado con rotulador rojo, un anuncio que decía:
¿Tienes los pies fríos? Llámame… 699xxxxxx.

domingo, octubre 26, 2008

Bares...

¿Qué pongo? ¿Lo de siempre? - me preguntó el camarero desde el otro lado de la barra.

Yo salí lentamente de mis pensamientos, levanté la mirada despacio, sonreí por la complicidad que dan las noches compartidas y le dije:

¡Sí! Pero hoy no me cargues el ron con demasiada melancolía...

miércoles, septiembre 24, 2008

Beatriz y el monstruo

¡Un monstruo, un monstruo! - Los niños, aterrados, volvían corriendo al pueblo.
¡Un monstruo, un monstruo! - gritaban jadeantes al llegar a la plaza, donde ya casi todos los habitantes del pueblo se habian congregado al oir los gritos de la chiquillería.
¡Un monstruo, un monstruo! ¡Grande! ¡Enorme! ¡Junto al río! ¡Apareció de repente! ¡Tengo miedo! Todos los niños hablaban y gritaban a la vez, mientras corrían a abrazarse a sus padres...

Hasta que, de repente, un grito de mujer se alzó sobre todos ellos... ¿Pero dónde está Beatriz?

Beatriz, la más peque de todos ellos, no aparecía por ningún lado. Al salir corriendo, huyendo del monstruo, la habían dejado atrás, olvidada en la ribera del río. Ninguno de los niños se había fijado en ella y nadie había reparado en su falta hasta aquel grito de su madre. ¿Dónde está Beatriz?

Podeis imaginar el revuelo en el pueblo. La madre, desmayada. El resto de las madres, felices por no haber perdido a sus hijos pero preocupadas por el destino de Beatriz. Los más mayores del pueblo, agoreros como casi siempre, sentenciaban: seguro que a estas alturas el monstruo ya se la ha almorzado". Y el padre de Beatriz corría de un lado a otro juntando a los y las más valientes del pueblo para salir a dar caza al monstruo y vengar así a su pobre hija.

En un periquete, más de la mitad del pueblo, armados con palos, cuchillos y piedras salieron hacia la ribera del río, en busca del monstruo. A la salida del pueblo iban armando un bullicio enorme pero, según se acercaba el río, el miedo secaba las gargantas y poquito a poco, cuando ya estaban muy cerca, se hizo el silencio en la comitiva. Entonces, justo entonces, oyeron una carcajada sonora, feliz, de niña pequeña y, al girar el último recodo, todos se quedaron ojipláticos al ver cómo Beatriz, la niña que debía haber sido devorada por el monstruo, reía a carcajadas, sentada en las rodillas de un monstruo enorme, mientras éste le hacía cosquillas en los pies.

Y es que, como Beatriz explicó después a su madre, cuando la pobre señora se hubo recuperado del soponcio, el monstruo era su amigo. ¿Cómo se la iba a comer?

Yo no sé mucho de casi nada, así que seguramente no lleve razón, pero se me ocurre que quizás, lo que hizo que Beatriz no saliera corriendo y se quedara a jugar con el monstruo, es que era demasiado pequeña y todavía conservaba esa sana inocencia que hizo que no juzgara al monstruo por su apariencia y, en lugar de salir huyendo, le preguntara si quería jugar con ella.

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Basado en un dibu de Beatriz.

¡Te lo debía desde hace meses, Bea! Perdón por el retraso. Habrá que ir pensando en el próximo dibu-cuento...

jueves, septiembre 11, 2008

Inocencia...

Tenían catorce años - o trece quizás- y nadie les había contado cómo funcionaba aquello. Él sólo sabía que le encantaba verla en la grada del polideportivo los sábados por la mañana, cuando jugaba en el equipo del colegio su partido semanal en el campeonato escolar. Y ella sólo sabía que se pasaba la semana esperando a que llegara el sábado para que él sonriera al mirar a la grada - ¿a ella quizás? - cuando salía el equipo a calentar.

Él fue a aquella excursión porque iban sus amigos, ella porque iba él - aunque eso no lo supo hasta más tarde. Cruzaron sus primeras palabras una hora después de bajar del tren, aunque él no las recuerda. Sí recuerda su sonrisa. Comieron juntos, compartiendo la comida que traían de casa. Por la tarde, mientras veían atardecer desde lo alto de una colina, ella le cogió brevemente la mano, con temor a su reacción y, sobre todo, a lo que sus amigas y los amigos de él pudieran pensar.

Pasearon a la luz de la luna, cogidos de la mano. Cuando volvieron a la explanada donde estaban las tiendas de campaña descubrieron que quedaba una vacía, aunque nunca supieron si habia sido idea de los amigos de él o de las amigas de ella. Y allí, la curiosidad venció al miedo. Sus labios recorrieron el rostro de ella, sus ojos, su pelo y, como si estuvieran recogiendo los frutos de un árbol prohibido, encontraron sus labios y se unieron en un interminable beso. Luego, entre caricias y besos, compartieron sueños...

En los días siguientes era él el que la esperaba a la salida del colegio. Ha pasado mucho tiempo pero sigue recordando el desorden de su pelo y el vuelo de la falda del uniforme. Juntos comenzaron a descubrir un nuevo mundo, donde se mezclaba el sabor dulce y extraño de los besos, el frío de los portales, el amargo de la cerveza tomada furtivamente en los parques y el humo del tabaco negro, el único que podían pagar.

Un día ella le dijo que estaba enamorada... pero no de él. El cuento se acababa, pero decidieron seguir siendo amigos. Nunca más volvieron a verse.

Ahora él es mayor, demasiado mayor quizás, suponiendo que se pueda ser demasiado mayor y, por más que se esfuerza, no consigue recordar su cara. Pero lo que nunca ha olvidado es su risa, su pelo revuelto al salir del cole, la noche en la que soñaron juntos y, sobre todo, el olor de su piel y el sabor salado de aquel beso furtivo y adolescente en una noche cualquiera de primavera en la que, sin tener muy claro cómo funcionaba aquello, sintió por primera vez lo que luego más tarde descubrió que llamaban amor.

Tampoco ha olvidado su nombre...

domingo, junio 15, 2008

Ana

Pidió un café con leche para mí y un zumo de naranja para él. No sentamos en una mesa de aquella cafetería anónima, cuyas paredes ya se sabían parte de nuestras historias. Me contó...
Ana es pasión, sueños y ecuaciones. Son letras y números ininteligible, mezclados en un papel entre gráficos que tampoco entiendo. Es una ecuación sin solución, un espacio infinito, ortogonal y etéreo donde se mezclan estadísticas y emociones, a la luz difusa de las lámparas de neón. Ana es pasado, presente y futuro. Pasado de alcohol barato, de parques y plazas en tardes de una primavera que no debería acabar nunca y que pronto acabará. Presente cibernético de ventanas pixeladas, con un lenguaje de sms que quizás yo sólo entienda, o que quizás yo tampoco entenderé. Futuro, futuro extraño y divergente, que quizás no sea más que pasado y presente, porque en estos momentos ni yo mismo entiendo hacia dónde fluye la vida y hacia dónde fluye mi tiempo...
Cuando terminó sentí que su historia podría ser mi historia, con otro nombre y en otro lugar, pero con indénticos sentimientos y sensaciones. Y sintiendos un poquito más cerca el uno del otro, nos levantamos, dejando sobre la mesa nuestra melancolía recién estrenada entre una taza de café a medio terminar y un vaso rebosante de zumo de naranja.

martes, junio 10, 2008

Atardece...

Y allí arriba, con los pies descalzos y la ciudad a sus pies, la princesa cerró los ojos... Se juntaron en su memoria miles de recuerdos, compitiendo unos y otros por salir, por aflorar, por ser ese último recuerdo...

Respiro hondo, ya no sentía nada, no quería sentir nada. La brisa fresca del atardecer hacía ondular sus negros cabellos y arrastraba despacio las últimas nubes grises de su mente.

No recordaba quién le había enseñado aquel lugar, no quería saberlo... Sintió como alguien secaba con las mangas de una camisa las últimas lágrimas que recorrían sus mejillas. Cerró los ojos para sentir, para oler, para escuchar como los últimos ruidos del bullicio de la ciudad se iban apagando e iban dando paso al ritmo extraño y musical de la noche.

Abrió los ojos... A lo lejos, el sol se ponía entre los tejados de la gran ciudad... Y le sorprendió sentir cómo sus labios se abrian en una enorme sonrisa...

Porque de repente, al abrir los ojos sintió que tras aquella puesta de sol comenzaba una nueva vida, llena de magia y sentimientos, de sueños y realidades... esa vida de princesa que siempre soñó con tener y que el sol ahora teñía de rojo y fuego...

Y en ese momento supo que se quedaría allí sentada, esperando a que de nuevo la luz del sol iluminara las calles de la ciudad para, con paso firme y decidido, coger ese tren a ninguna parte que desde hace ya demasiado tiempo esperaba en la estación...

domingo, diciembre 02, 2007

Gata...

Mientras la televisión escupe imágenes y ruidos que no consiguen llenar la noche, el teléfono duerme en silencio en un rincón...

Otro día más, la espera la llenarán los ronroneos de su gata, acurrucada junto a ella, dándole calor y cariño que no conseguirá calentar el extraño frío del alma...

miércoles, noviembre 28, 2007

Sueños...

Los sueños son como las aves migratorias... Cuando hace demasiado frío en el alma, cuando llega el invierno, emigran y no vuelven hasta que no vuelve el calor...

Debe haber por tanto un lugar donde anidan los sueños perdidos... Tiene que ser un lugar mágico, maravilloso, lleno de sueños de amor, felicidad, futuro y deseo... pero también un lugar triste y melancólico... porque quizás muchos de esos sueños queden allí para siempre o quizás, cuando quieran volver, el futuro no sea igual que el pasado y el sueño no sea más que un sueño perdido...

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Cuando el alma del viajero se enfrió de golpe, hace ya algún tiempo, los sueños volaron deprisa, antes de que se les congelaran las alas... Pero un sueño pequeñito, al echar a volar, se quedó enganchado en un jirón de alma... y allí lo encontró el viajero, aterido de frío, casi congelado...

Y, aunque al viajero entonces no le apetecía demasiado soñar - tampoco le apetece demasiado ahora - cuidó al sueño y le dió el poco calor que le quedaba, hasta que las alas del sueño se descongelaron y estuvo listo para partir...

Así, a los pocos días, el sueño partió, pero con la promesa de volver cada cierto tiempo y anidar por un día o dos en el alma del viajero, en espera de tiempos mejores, esperando que llegue la primavera...

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Actualizando el 29 de noviembre...
Inma, en los comentarios, ha pintado los sueños con un poquito de Benedetti:
Dale vida a tus sueños aunque te llamen loco,
no los dejes que mueran de hastío, poco a poco,
no les rompas las alas, que son de fantasía,
y déjalos que vuelen contigo en compañía.
¡Gracias mil! No conocía este fragmento... y me ha encantado...

lunes, noviembre 19, 2007

Invierno...

El frío del invierno ha bajado de repente de las nubes me ha pillado desprevenido... Olvidé encender la calefacción y se me han congelado los lápices de colores...

Toca cambiar los ocres del otoño por el blanco y el azul del frío tras la ventana... El viento arrastra las últimas hojas de melancolía que quedan en el balcón... Pondré agua a calentar para el té y nos acurrucaremos en el sofá bajo una manta, viendo como el tibio sol del invierno se oculta a lo lejos, en rojo difuminado, al otro lado de la ciudad...

Y mientras se descongelan los lápices de colores, escribiré cuentos en blanco y negro o, mejor aún, en blanco y azul, cuentos que hablaran de nieve, de frío, de gorros de lana y de invierno... cuentos que quizás hablen de Berlin, cuando esperábamos que pasara rápido noviembre para que la ciudad se llenara de luces, de sueños, de historias de mercadillo y de hogueras compartidas en una vieja fábrica de la ciudad...

Cuando llegue diciembre, te abrigues y salgas a pasear, acuérdate un poquito de mi cuando pases por el Weihnachtsmarkt de la Kulturbrauerei, ¿vale?



jueves, junio 21, 2007

Sígueme...

Hace tiempo que no encontramos duendes en los bosques, ni hadas en las cuevas... ya no creemos en dragones, las trenzas quedaron en los balcones...

Cierra los ojos y sígueme...

El humo de la ciudad ha ocultado la inocencia, el ruido de los coches nos hizo despertar de nuestros sueños...

Dame la mano, sin miedo, y sígueme...

Y dejamos las calles desiertas,las canicas olvidadas en un bolsillo y los balones perdidos en un cajón... Nos encerramos en nuestras casas, cambiando voces por teclas de ordenador, risas por iconos de messenger, amores imposibles por avatares anónimos...

Cruza conmigo el puente... conozco el camino...

Las imágenes del mundo nos hicieron perder la inocencia... y empezamos a mirar en derredor con miedo... a sentir a los otros, a vosotros, como extraños...

Por eso, antes de que sea más tarde, sígueme, acompañame a buscar lo que queda de nuestros sueños... Recuperemos parte de nuestra perdida inocencia, volvamos a mirar el mundo con ojos muy abiertos y, como hacíamos cuando éramos peques, vayamos juntos al parque, recuperemos las calles y plazas... volvamos a reir a carcajadas...
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Tal y como quedamos, tú pusiste el camino, yo pongo la historia... :D

viernes, abril 27, 2007

Gotas

Gotas, gotas de lluvia en el cristal... El cielo llora lágrimas de melancolía sobre las desiertas calles de la ciudad donde no todos duermen, donde no todos ríen...
Gotas, gotas de agua sobre el pavimento... marcando un extraño sendero que recorre el pasillo adentrándose en la fría y extraña oscuridad del dormitorio vacío...
Gotas, gotas de tristeza sobre las sábanas... Gotas que caen del pelo mojado y que bañan la piel desnuda, casi sin secar, la piel de seda y cristal que marca su contorno sobre las sábanas frías y desiertas...
Gotas, gotas saladas recorriendo las mejillas... esperando desnuda el abrazo cálido que se fue, los labios dulces que se callaron, las caricias tiernas que nunca volvieron...

Gotas esperando el ruido de las llaves en la cerradura, gotas llorando el silencio de la noche... Gotas que de nuevo dormirán solas, desnudas... mientras el cielo sigue llorando gotas de melancolía sobre la ciudad...

lunes, abril 16, 2007

Okupas

Aunque ya me lo había contado, no es lo mismo oírlo que verlo... ¡Tenemos okupas en la Facultad! Quizás lo hayas leído en algún periódico, aunque entre lo que ha salido en los papeles y la realidad hay un abismo...

Te pongo en antecedentes... Tenemos la Facultad de obras, obras que van a durar más que las del Escorial, por cierto. Hace más de 15 años decidieron remodelar la Facultad y hacerlo por fases para no tener que cerrar... Cuando acabaron la segunda fase, hace ya más de cinco años, decidieron que la siguiente zona a remodelar sería la oeste, donde yo (y otros muchos) estaba haciendo la tesis... Así que nos mudamos a la zona nueva y vaciamos el módulo oeste para que empezaran a derribar paredes y a arreglarlo.

En estos últimos años ha quebrado la empresa de la obra varias veces, nos la han paralizado porque la fachada de la Facultad es Patrimonio Nacional (sí, ninguno terminamos de creernoslo), han cambiado los planos y los planes y, por fin, se ha aprobado todo y las obras se iban a reanudar... En el módulo nuevo van, entre otras cosas, parte de los labos de mi departamento y la nueva biblioteca de alumnos, así que teníamos motivos para estar contentos...

Pues bien, la semana pasada, una panda de **** (pon lo que quieras) ha decidido ocupar el módulo oeste en base a que lleva diecisiete años abandonado (me encanta saber que hice la carrera en un edificio abandonado)... y piden cosas tan estupendas como dedicar el edificio a un uso público (yo pensaba que la Complu era pública, pero vaya usted a saber) y hacer en él una Facultad Okupada Autogestionada (eso sí que no lo pillo).

Y, como no podía ser de otro modo, las autoridades académicas han estado a la altura. Nuestro decano nos ha pedido que cerremos muy bien las puertas y las ventanas (no sea que quieran ampliar la Facultad Autogestionada y decidan autogestionar las aulas, los laboratorios de investigación o la cafetería de alumnos)... Y el rector, para que se vayan pacíficamente, les ha ofrecido unos locales con agua corriente, luz y calefacción para que okupen mucho más cómodamente (locales que ya podía ofrecerselos a los alumnos como aulas de estudio, a los becarios como despachos, a los investigadores como laboratorios, a las asociaciones como lugares de reunión)...

¡Hay que joderse!

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Me encanta leer los comentarios que dejas en los posts... aunque nunca había escrito yo nada allí, contestando a lo que decías... Hoy, aprovechando las cosas que preguntabas sobre el ESRF, he empezado a contestar a los comentarios... y me ha gustado la sensación de dirigirme directamente a ti, comentar lo que dices, aclarar tus preguntas... Si el poco tiempo que tengo me lo permite, seguiré haciéndolo...

viernes, marzo 16, 2007

Duerme

Rebuscando entre papeles, encontré esto que escribí en algún momento, en algún lugar...

Tu respirar acompasado calma mi ánimo y por un momento el mundo deja de girar, los recuerdos dejan de golpear mi mente y el Universo entero se para en ti, en tus ojos cerrados, en tu cuerpo pequeño, frágil, acurrucado bajo una manta, al otro lado de la habitación...

Tengo miedo de moverme, de respirar, de hacer cualquier ruido que pueda romper tus sueños... y me quedo inmóvil, al otro lado, deseando que el reloj se pare, que el tiempo no pase nunca, que la paz que me invade dure para siempre...

Y en mi cabeza suena Duerme, una canción que escribimos a medidas entre mi hermano y yo hace muchos años y que quizás algún día me atreva a grabar...