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sábado, noviembre 19, 2011

Watanabe...

Vale, puede que yo no necesitara un viaje interior, o quizás simplemente, recorrí ese viaje sin necesidad de subirme a trenes sin destino... Quizás no necesité que un desconocido me ofreciera algo que beber, aunque compartí más de una copa con gentes que, en lo borroso de aquellos tiempos se me tornaron conocidos desconocidos. Y, desde luego, mi camino no fue tan trágico, ni en el sentido griego, ni en el más actual de la palabra...

Pero un día, al igual que Watanabe, descubrí que la persona que me hacía feliz no formaba parte de sueños ni de historias escritas por otros en muros del pasado, sino que era esa persona cercana, de carne y hueso, amiga y confidente, con la que compartía las más hermosas y divertidas aventuras...

Hace unos días terminé de leer Tokio Blues, de Murakami y, aunque parezca extraño, aún no tengo claro si es un libro para recomendar o no... Aunque creo que a mi me ha gustado...

miércoles, julio 09, 2008

Padre Brown...

Soy de los que necesito leer algo antes de dormir. Ayer estuve releyendo alguno de las historias del Padre Brown. No se si has leído algo de este personaje de ficción, creado por Chesterton, mezcla de Sherlock Holmes y curita católico de pequeña iglesia de pueblo (si, dubhe, son los libros que prometí dejarte). Son historias cortas y fáciles de leer, lo que las hace estupendas cuando sé que el sueño no me va a dejar leer más de un puñado de páginas.

Como en todas las novelas policíacas, el padre Brown siempre descubre quién es el ladrón o el asesino... pero a diferencia del resto, tras hablar con él y hacer que le confiese su crimen, casi siempre le deja marchar.

Mira que he leído veces las historias de Chesterton o, al menos, las del primero libro, El candor del Padre Brown, pero hasta ayer, nunca me había fijado tan intensamente en este detalle.

Y dándole vueltas a esto, me quedé dormido...

martes, diciembre 04, 2007

Juramento...

Yo juro esta noche, delante de las estrellas, que antes de morirme tengo que subir a la peña de donde brota la vida y besar con mis labios el corazón de todas las cosas.
Francisco, el Buenagente

domingo, junio 17, 2007

Paz

"Tenía veinte años cuando aprendí que la paz no nos es dada como un don natural sino que se trata de una unidad de medida y que con este nombre ha de inscribirse en el tiempo como una conquista y no como un don."
Me acompaña todas las noches desde hace días... Paz con todas sus letras son historias, relatos, reflexiones, poemas... que giran en torno a la Paz. Todos ellos breves pero intensos, escritos por gentes de distintos lugares del planeta, cinco minutos de lectura antes de apagar la luz...
"Aprendí que la guerra encierra todos los elementos de una espiral que se nutre de si misma. Por eso la violencia resulta tan insaciable y la paz tan efímera."
Anoche Lidia Jorge se encargó de recordarme que hablar de Paz es hablar de construcción... que la paz no se obtiene si no se trabaja por ella... que construir la Paz es un trabajo constante, una tarea que nos incumbe a cada uno de nosotros... Que la Paz no surge de manera espontánea, sino del deseo de los hombres por tenerla, por disfrutarla, por conservarla...
"Y cada uno de nosotros, individualmente, ha de dar pruebas de perseverancia y de que estamos atentos como guardias forestales que protegen el bosque contra incendios. Y el que no reconozca que un incendio puede cebarse en cualquiera de los árboles es no sabe proteger el bosque. El fuego es intrínseco a la naturaleza del árbol."
Todas las citas son de Lidia Jorge, de su texto Para no olvidar. Creo que hay relatos del líbro que te encantarían. Si quieres, te lo paso en cuanto lo termine...
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Y hoy recuerdo aquellos domingos en los que sentados bajo el árbol del patio cantábamos...
Cada muro que se tira y se vuelve a levantar,
cada idea perseguida porque busca la verdad,
cada grito que es ahogado porque grita libertad,
cada guerra que se inicia en el nombre de la paz
están encendiendo antorchas que reclaman tu atención...

miércoles, enero 24, 2007

Fátima

Se levantó y se sentó en el alfeizar. La altura le hacía marearse. Nunca hasta entonces había sentido vértigo, porque nunca hasta entonces el vacío la había llamado con voces tan cariñosas. Y pensó que quizás la balanza no era tan precisa, que quizás habría un solo momento que mereciese soportar todas las amarguras por las que iba a pasar; quizás un momento glorioso puede hacer olvidar cinco años de dolor. Sobre todo tuvo de pronto una gran curiosidad por saber lo que la vida iba a hacer con ella en los años por venir. Y la curiosidad le hizo retirarse del alfeizar cuando su cuerpo ya se tambaleaba.
Anoche no pude dormir hasta que, por fin, acabé la última página de El Otoño Alemán, de Eugenia Rico. El libro gira en torno a Fátima, una española entre alemanes... Celos, odio y amor, melancolía en una fiesta en Weimar que parecía que nunca iba a acabar... y que acaba con la inocencia y la juventud de los que participan en ella...

Me ha gustado, mucho... y a ello estoy seguro que ha ayudado mi estado de permanente melancolía...

Aprovechando que la nueva versión de blogger permite etiquetas, inaguramos la de libros... Iré dejando por acá reseña de los que vaya acabando... No dudes en utilizar los comentarios para pedirme los libros, dejar tus opiniones de los mismos o recomendar otros...